martes, 7 de abril de 2015

Odiando la mochila del agua desde el primer día!

El domingo a mediodía decidí salir a correr una ruta más o menos larguita y algo exigente (al menos para mi estado de forma), para probar la mochila del agua.

La primera vez que hice una ruta parecida a esta, en marzo, llegué a casa bastante deshidratado (incluso un poco mareado, hasta que comí algo), fueron 16,9 Km por la zona de Puerto de la Torre, Soliva, Teatinos, Polígono El Viso, Feria, Palacio de Ferias, Hipercor, Ciudad de la Justicia, Portada Alta, y vuelta a casa por la carretera del Puerto de la Torre.

La siguiente ruta larguita fue la Media Maratón de Málaga el 22 de marzo, ya en terreno llano, y con avituallamiento líquido cada 5 km, así que no hubo ningún problema de deshidratación ni mareos, ni nada de eso. Es un lujo eso del agua fresquita cada pocos km!

Pero en los entrenamientos no hay puestos de avituallamiento, así que algo tenía que hacer para disponer de agua durante la ruta. Me acordé de la mochila con depósito de agua que tenía de haber cogido la bici el año anterior, me la colgué a la espalda, la ajusté lo mejor que pude sin que me apretase demasiado pero que tampoco estuviera suelta, y a correr.

La ruta era casi la misma que la vez anterior, pero llegando hasta lo alto del Puerto de la Torre (carretera principal de la barriada), es decir, 17,7 Km. Aquí está el perfil de la etapa:


Voy a tratar de resumir las sensaciones que percibí durante el entrenamiento, sobre todo en lo relacionado con la mochila para el agua, enumerando lo que me pareció "bien" y lo que me pareció "mal"...

MAL
  • La mochila me limita mucho la sensación de "libertad", y justamente esa sensación es la que hace que disfrute y que me guste correr. Con lo cual, esta vez se me hizo más aburrido, tedioso, pesado.
  • El peso (aunque no era demasiado, kilo y medio aprox) y la incomodidad, se notan mucho en el ritmo de carrera. Me restaba entre 20 y 25 segundos por kilómetro, con respecto a referencias de días anteriores en la misma zona y sin mochila. También es verdad que apretaba un pelín menos el ritmo sabiendo que iba a hacer algún km más.
  • Con el paso de los km, se va notando un poco el roce de la mochila en los hombros, aunque no llegó a hacerme ningún daño (por supuesto, nada que ver con los que en semanasanta han estado sacando tronos, por ejemplo). Podría haberla apretado más para que bailase menos aún, pero me habría agobiado demasiado la tira que queda cerca de la altura del cuello. Creo que el ajuste era el adecuado.
  • Lo peor de todo: a partir del km 7 u 8, entre el calor de la espalda, y el sol pegando todo el rato en la mochila, aquello ya no era agua, era caldito de puchero, y era bastante desagradable darle un chupetón al tubo de goma y echarle al cuerpo el agua caliente. Para que el agua aguante fresquita, tendría que haber metido la mochila en el congelador un rato, pero no sé si será peor "sollarte" la espalda con el bloque de hielo dando golpes, o beber agua caliente y #cagarteporlaspataspabajo al llegar a casa, jeje.
  • Mis rodillas no son lo mismo que hace 20 años, y se nota. Cuesta abajo, el impacto sobre las rodillas es bastante fuerte, y lo voy notando más cuanto más larga es la etapa. A la altura del km 11 cuando terminó la cuesta abajo las tenía bastante resentidas. Y al día siguiente más aún. A eso hay que añadirle que el terreno en su mayor parte es urbano, acera concretamente (no siempre puedo circular por el asfalto). Quizás ayude a mis rodillas elegir un terreno más llano y más blando cuando quiera hacer distancias larguitas (por ejemplo la playa, o el paseo marítimo).
  • La ruta elegida, algo complicada con el handicap de la mochila. Empezar los 2 ó 3 primeros km subiendo a lo alto del Puerto de la Torre, y terminar los últimos 5 km cuesta arriba, condiciona bastante el resto de la carrera, no pudiendo mantener un ritmo más "alegre" en llano porque estás recuperando aire de la subida o reservando algo de energía para el final, ni cuesta abajo (por el impacto de las rodillas). Nuevamente, con esto me ayudaría elegir de vez en cuando una ruta más llana, que además me daría una referencia algo más fiable sobre mi ritmo por km.
  • La hora elegida tampoco ayudó mucho. El día había estado casi nublado, parecía propio para salir a correr, pero no pude disponer de tiempo libre hasta casi las 13:30, justamente cuando se despejó y empezó a pegar más fuertecito el sol. Llegué a casa a las 15:15. Seguramente las sensaciones habrían sido mejores de haber salido temprano por la mañana, o antes de anochecer.

BIEN
  • Al terminar la carrera, no tuve ningún tipo de fatiga "extraña", ni mareos, ni sensación de deshidratación. Y eso que tampoco bebí mucha agua (la mitad del depósito de la mochila más o menos), estaba tan caliente que no se apetecía.
  • La vez anterior (cuando hice los 16,9 km en esa ruta), el final lo hice dejándome arrastrar y deseando que se terminase ya la cuesta. Esta vez, aunque fatigado por la subida, tras 17,7 km llegué "dignamente", e incluso me permití el lujo de apretar un pelín en los últimos metros de la subida.
  • Corriendo en terreno más llano (sin el castigo de largas cuestas arriba), quizás pueda permitirme una distancia de unos 15 km o más sin mochila para el agua ni nada. Por supuesto, contando también con que el clima sea fresco (un día caluroso, o madrugón o chiringuito, jeje). En mis tiempos, daba igual la época del año, podía correr un par de horas (no sé ni cuántos km serían, unos 25 supongo) sin llevarme agua ni nada, y llegaba bastante bien a casa... claro que estamos hablando de hace 18 ó 20 años, y ya hemos dicho que ni mis rodillas ni lo demás, son lo mismo que antes... ains.
  • Creo que para hacer distancias largas, podría acostumbrarme a la mochila, aunque tengo que ver la manera de resolver lo del calentamiento del agua (puagh, puagh, y puagh).

Si algún #runner más experimentado tiene consejos que ofrecerme en referencia a la hidratación durante el entrenamiento, encantado de escucharlo. Gracias! =)


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